miércoles, 18 de diciembre de 2013

VAYVEN


HISTORIA – Durante 25 años, desde mi nacimiento, viví en Caballito, pleno corazón geográfico de Capital Federal, Buenos Aires, Argetina. En el verano del 2008 decidí hacer un viaje al interior del país por la zona norte y centro de Córdoba. Esa experiencia determinó el camino que seguirían mis pies. El sitio elegido, Un pueblo dentro del Valle de Calamuchita, llamado Villa Ciudad Parque, Los Reartes. 
Durante tres años viví la vida rural, aprendiendo desde cero a cultivar la tierra, a construir con barro, a hacer artesanías y a buscarme la vida de una manera mas simple, consumiendo menos, generando menos basura. Aprendí tambien a alimentarme mejor, conocí la diferencia entre un cultivo orgánico y uno transgénico y fumigado. La proximidad de mi vivienda a campos de monocultivo me obligó a aprender, a traves de la experiencia, la importancia de la lucha y el movimiento de la vecindad entera para evitarlo, pero pasamos por alto un detalle: Nosotros con tal enojo olvidamos la realidad que le mostrabamos a los mas pequeños, 
el ejemplo para los niños que crecieron con ese concepto falto de esperanza, ignorados por la justicia y sometidos constantemente al abuso de los poderosos. Una mañana un amiuito de 3 años(en ese momento) se acercó llorando y angustiado me toma de la mano y me lleva a la puerta de su casa para mostrarme que una plantita de su mama se estaba muriendo por efecto de las fumigaciones. La planta simplemente estaba afectada por la helada, pero la angustia era tal que no tenía consuelo. Esa situación me develó la magnitud del mensaje fatalista que les estabamos mostrando a nuestros pequeños, los dueños de ese futuro sin esperanza. Situación que me mostró que el camino del enojo y frustración que transitabamos no era el mas sano para todos, lo que me llevó a sentir que si quería que algo cambie, tenía q ser a traves de la educación pero con ejemplos no con discursos, con hechos que brinden soluciones concretas a la problemática cotidiana.
Dejar de señalar y acusar al gran monstruo, y llevar ese dedo a nuestro interior para modificar la conducta personal en los pequeños actos diarios.
La ciudad renovó su llamado y me llevó a sus entrañas para aplicar lo aprendido en el campo. Aquí me encontré con aquel mundo que no tenía la costumbre, (que yo había adquirido) de separar los desechos orgánicos de los inorgánicos; de reciclar los plásticos y cartones, de cultivar las propias verduras. La adaptación fue tan dura que convencí a mi mamá quien incondicional me apoyo, sin dejar de exigirme, pulcritud , de realizar una compostera y una huerta en su balcón. Esto me llevó a experimentar e investigar de qué manera se podía lograr un cultivo sin la precencia de insectos y olores desagradables para este ámbito urbano desacostumbrado a la tierra.
Durante meses me dedique a salir a recorrer las calles de mi barrio, una hora antes que pasara el camión de la basura, con el carrito de la verdulería a recolectar botellas en buen estado para reciclarlas convirtiéndolas en macetas para un sistema vertical hortícola (situación que me hizo vivir el cotidiano de un reciclador y tomar consciencia de la exposición diaria a accidentes o enfermedades que sufre al tener que revolver la basura no separada por el vecino).
La casa se convirtió en un depósito-taller de plástico en donde realicé varios prototipos, algunos funcionales y otros no. Ademas de artículos de diseño para vender en ferias artesanales, con marca inventada llamada VAYVEN, la imagen de una hamaca que va y viene, movimiento que representa al ciclo contínuo de consumo, producción y reciclaje.
Después de tanto probar e investigar por Internet, salió un modelo funcional con su sistema de riego y recolección de agua, decorado con el arte de fileteado porteño, lo que le dio el nombre de porteñitas. Ya estaban listas para salir a la venta en ferias, cuando decidí salir a viajar.


El primer destino fue Chile, allí un amigo me convenció de que debía enseñar a la gente a construir estos módulos, y entonces me di cuenta cual era el motivo real de este viaje.





Mientras enseñaba lo poco que sabía, fui conociendo mas gente que iba completando mis huecos con información, bibliografía, sugerencias, preguntas y mejoras, así el proyecto comenzó a tomar forma, aunque prematuro e inmaduro ya estaba funcionando y generando cambios en las personas y claro está, en mi.
El primer taller, lo di en Valparaíso gracias a la ayuda de un gran amigo que me recibió en su casa, Rodrigo Hernandez, y su amiga Soledad Ortega Frez, quien me enseño como calcular los costos que mi taller implicaba y cuanto debería cobrar a los asistentes. Para poder autosostener esta gira que recién empezaba. Aunque yo no estaba cómoda en cobrar por impartir el conocimiento, tuve que reconocer que de no hacerlo, no hubiera podido llegar hasta donde llegué.
El camino y sus personajes me enseñaron que es importante valorar lo que uno hace y el tiempo y energía que invierte en hacerlo. Y que se puede compensar y equilibrar las actividades gratuitas con las pagas, las ultimas permitiendo que las primeras puedan realizarse.

VAYVEN
Un grupo de personas que cree en segundas oportunidades.
Por eso nos dedicamos a la sensibilización ambiental, trabajando con distintos grupos sociales para lograr una mejor calidad de vida.

 Compartimos jornadas de reflexión y capacitación sobre separación de residuos responsable:
 Fomentando el respeto por los trabajadores del reciclaje. Aprendiendo, mediante jornadas de actividad manual el reciclado de materiales no bio-degradables. Produciendo objetos útiles desarrollamos un sistema de cultivo urbano orgánico que nos permite realizar una huerta vertical.
Contamos con una biblioteca virtual, para profundizar sobre los temas tratados, y con una videoteca muy interesante de documentales y películas que brindan un amplio espectro para el debate e intercambio de ideas.

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