La madre superiora, María Pesantez, conoció el trabajo de huertas verticales con reciclado, que realizamos con los niños del barrio de San Marcos en la casa cultural La Karakola.
Relacionó esto con un concurso de reciclaje que hace meses se realizó en su escuela, por eso me invitó a dar una conferencia para sus docentes un día miércoles, aprovechando una jornada de reflexión.Cuando llego al lugar me encuentro con una inmensa montaña de botellas, resultado de aquel concurso. Materiales había de sobra, entonces le propuse enseñarle a los chicos a reciclar esas botellas, construyendo una huerta para instalar en los muros interiores del colegio. La idea le encantó.
Relacionó esto con un concurso de reciclaje que hace meses se realizó en su escuela, por eso me invitó a dar una conferencia para sus docentes un día miércoles, aprovechando una jornada de reflexión.Cuando llego al lugar me encuentro con una inmensa montaña de botellas, resultado de aquel concurso. Materiales había de sobra, entonces le propuse enseñarle a los chicos a reciclar esas botellas, construyendo una huerta para instalar en los muros interiores del colegio. La idea le encantó.
Esa mañana me presenté ante todos compartiendo el aprendizaje que me dio la vida a través de la experiencia. Les conté resumidamente como surgió mi interés por la agricultura urbana, con la intención de que entendieran mi necesidad de que este conocimiento, o práctica, sea aprehendida, ejecutada y transmitida.
Les propuse una consigna para llevar a cabo con los estudiantes, ellos sólo debían acompañar, puesto que el trabajo lo harían los chicos.
Al día siguiente, en un salón de actos del colegio, nos reunimos todos. Explique una vez más mis motivos y mi historia y terminada la charla, nos fuimos a trabajar:
2 representantes de cada grado, vinieron conmigo, en total éramos 26, contando a mi amigo Nicolás que documentó el taller y también ayudo. Trabajamos hasta lograr instalar un módulo por grupo. Sembramos rabanitos, albahacas, lechugas y cilantro.
Los estudiantes que tenían entre 8 y 16 años, aprendieron a reciclar botellas plásticas, reduciendo al máximo los residuos. Entendieron cómo funciona el sistema de riego y recolección, ademas de comprender la importancia de cuidar a las plantas como seres vivos y a reconocer el incalculable valor de su prescencia en sus vidas. El cuidado que necesitan y merecen, y lo abundantes que pueden llegar a ser a la hora de su cosecha.
Se apropiaron de este saber, entendiendo que ellos no sólo son capaces de transmitir dicho conocimiento, sino que son los promotores de una vida sustentable, con consciencia alimenticia, y con capacidades inagotables.
En el futuro ellos son los encargados de enseñar a sus compañeros de curso lo que aprendieron, para multiplicar el trabajo hecho, y así, cubrir los muros del colegio con dicha huerta.

